Rosi

Rosi

Sones- 

047
  • CD
  • LP
  • Album Digital
04/22/2014

El tercer disco de Templeton, Rosi (Sones, 2014) llega a nuestros oídos envuelto de un halo de nocturnidad y paisajes urbanos. Un ramillete de retratos de vidas en una ciudad de nuestros tiempos. Con una apertura temática que profundiza más allá del brillante romanticismo costumbrista que ya posaba en sus anteriores proyectos, El murmullo y Exposición universal.

En este nuevo trabajo, producido de nuevo junto a Paco Loco, Templeton trascienden de la canción pop luminosa a nuevos rumbos acicalados por corrientes de enigmática psicodelia y arreglos y patrones rítmicos que nos transportan a los ochenta: secuenciadores, sintetizadores reverberantes, sumados a guitarras ventiladas con distorsión y evocadores coros. Sin duda, Rosi es su disco más arriesgado en tono, producción y tratamiento lírico.

Aquí, las producciones de los 70 de Lou Reed y Talking Heads, las atmósferas sonoras de Moroder en los 80, figuran en la lista de referentes sonoros de esta colección de canciones. Así como algunos más próximos como Radio Futura, la tradición yeyé e incluso la canción ligera de raíz española. Todos amoldados, sin embargo, por una dinámica contemporánea y personal que construye el particular universo musical de Templeton. Con guiños a Madrid la ciudad de residencia actual y Torrelavega, su lugar de origen, las historias de Rosi deambulan por distritos claramente exteriores y territorios íntimos como el propio hogar que a veces es uno mismo.

El álbum se inicia con un viaje a través de las autopistas reales y mentales de ‘La gran ciudad’, la elegía glam de ‘39300’ y los juegos antónimos y dualidad moral de ‘Fucsia’. Le siguen la rabia desatada de ‘El látigo’, el anhelo, súplica y autodestrucción de ‘Quemado por el sol’ y la lisérgica ‘Océano’. En ‘Pálida camarada’ la reverberación shoegaze abre el capítulo de canciones propiamente de amor. Si bien en ‘Cowboy’ es despechado y al mismo tiempo una oda a la libertad, en ‘Noches blancas’ predomina la nostalgia y las ruinas consecuentes de una ruptura. Como toda herida debe ser cicatrizada, despide el disco ‘Hortensias’. Un final que alza el corazón al cielo y, a pesar de una honda melancolía, acierta al describir el logro de haber conseguido hacer reír al otro.

La soledad, la memoria, la consciencia del individuo en este nuestro siglo repleto de vaivenes, la noche real y simbólica y el amanecer de la esperanza pasean por las letras siempre exquisitas de esta banda que, disco a disco, se posiciona como un pulmón necesario en la historia del indie pop patrio.